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Los retos de la producción y exportación de tomate en México

El tomate es uno de los cultivos más importantes para México, ya que económicamente representa el cuarto producto agroalimentario que más dinero deja al país por concepto de exportaciones, con 1,980 millones de dólares y solo por detrás de la cerveza, el aguacate y las berries, según el Panorama Agroalimentario 2020 del SIAP.

Además, se trata de un cultivo que requiere mucha mano de obra durante todo su ciclo productivo, por lo que socialmente también tiene un gran impacto en la creación de fuentes de empleo en las principales zonas productoras del país.

Sin embargo, se trata de un cultivo que tiene retos interesantes de cara al futuro, los cuales se deberán superar para seguir siendo competitivos en el mercado. Dicho esto, a continuación analizaremos los 3 principales retos, aunque no por ello los únicos.

Competir en términos justos con Florida

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México se ha vuelto el principal proveedor de Estados Unidos para el tomate Cherry y Roma durante finales del otoño, todo el invierno y principios de la primavera, aunque gracias a la producción en invernadero muchos agricultores mexicanos pueden producir y exportar durante todo el año, por lo que en algún momento compiten directamente con los agricultores estadounidenses, que ven como sus precios de venta caen por la cantidad disponible en el mercado de tomate mexicano.

De hecho, según un estudio realizado en la Universidad de Florida, si las importaciones de tomate mexicano se incrementan en un 50% en los próximos años, los agricultores, principalmente de Florida, podrían perder hasta el 27% de sus ingresos anuales.

De esta manera se continuaría con la tendencia de las últimas décadas, ya que en 2020 se produjeron en Estados Unidos alrededor de 590,000 toneladas, es decir, apenas una tercera parte de lo que se produjo en 2000, debido a que el tomate mexicano está dominando el mercado estadounidense, superando por tres la producción doméstica.

De hecho, entre 2009 y 2019 las importaciones de tomate mexicano por parte de Estados Unidos han aumentado en un 60%, lo que podría estar afectando a los agricultores de Florida; aunque por supuesto hay otros factores en los que nada tienen que ver los productores mexicanos, como lo son el incremento en el costo de la tierra debido a presiones del desarrollo inmobiliario, la escasez de trabajadores y el costo de la mano de obra, así como la constante incidencia de tormentas tropicales y ciclones, que en conjunto han mermado la capacidad productiva de los agricultores de Florida.

Sin embargo, varios especialistas del sector en Estados Unidos ya están indicando que un incremento de 50% de las importaciones mexicanas de tomate no es realista, aunque también consideran que para que los productores nacionales sigan siendo competitivos, tienen que comenzar a realizar inversiones en mecanización y automatización, ya que solo esta manera podría cambiar el panorama.

En este sentido, el reto consistirá en hacer frente a las medidas que el gobierno estadounidense quiera implementar, derivadas de las presiones que seguramente seguirán realizando los agricultores locales, por lo que los agricultores mexicanos deberán continuar fortaleciendo la responsabilidad social y ambiental, además de mantener y elevar sus estándares de calidad, cumplir con todos los requisitos de las certificaciones y sobre todo, continuar produciendo a precios competitivos.

Tecnificar para incrementar los rendimientos

Según el cierre agrícola 2020 del SIAP, la producción de tomate en México se realiza de la siguiente manera: 40.0% en invernadero, 32.8% a cielo abierto, 26.4% con malla sombra y 0.8% en macrotúnel, datos que indican que la tecnificación de este cultivo está equilibrada entre: producción tecnificada, semitecnificada y sin tecnificación.

De hecho, en México el tomate es el cultivo que más ha impulsado la adopción de invernaderos como una herramienta para incrementar la producción; sin embargo, tener todavía una tercera parte de la producción a cielo abierto genera bastante incertidumbre al mercado, además de que el rendimiento promedio nacional para la producción en invernadero es 5 veces superior al rendimiento a cielo abierto, 184.9 t/ha contra 37.3 t/ha, de modo que existe mucho margen para la mejora.

Actualmente el 50% de la producción se concentra en los estados de Sinaloa, San Luis Potosí, Michoacán, Zacatecas y Jalisco, donde la producción es mayoritariamente a cielo abierto durante otoño-invierno, por lo que las plantaciones están a expensas de una temporada invernal adversa, que suele generar pérdidas importantes.

Ahora bien, los estados con mayor rendimiento promedio son Querétaro, Nuevo León, Coahuila y Puebla, todos con un rendimiento que supera las 300 t/ha, debido principalmente a las inversiones realizadas en agricultura protegida y que tienen como objetivo la exportación a mercados donde se obtengan mejores precios de venta.

El tema de la tecnificación para incrementar rendimientos es importante de cara al futuro, ya que para poder seguir compitiendo habrá que aumentar considerablemente la producción por unidad de superficie, además de que, una mayor superficie protegida permitirá aumentar el flujo de las exportaciones durante todo el año.

Minimizar la elevada volatilidad de los precios

El tomate es uno de los productos agrícolas cuyos precios presentan más volatilidad anualmente, debido principalmente a que la producción a cielo abierto está expuesta a los climas adversos, aunque también hay otros factores que rápidamente generan alzas y caídas en los precios, que hacen que producir tomate tenga un gran riesgo.

Esta volatilidad crea un ambiente de incertidumbre para los agricultores que producen a cielo abierto, ya que nada les garantiza el retorno de su inversión, en especial ahora que las condiciones climáticas y la disponibilidad de trabajadores son tan inciertas.

Sin embargo, hay que mencionar que cuando se tienen climas favorables para la producción, se llega a tener un exceso de producto que empuja los precios hacia abajo, al grado de que para los agricultores resulta más rentable darle el tomate al ganado o tirarlo de una vez, porque el precio de mercado no cubre ni los costos de producción.

Esta es una escena que se repite a menudo, especialmente en Sinaloa, donde a esta situación se le debe hacer frente con mayor tecnificación, pues de alguna manera la producción totalmente a cielo abierto se debe comenzar a proteger, para así minimizar la incertidumbre y para evitar que los precios nacionales del tomate tengan alteraciones abruptas, con las cuales productores y consumidores salen perdiendo.

Es justamente por todo esto que los agricultores que tienen las posibilidades, económicas, administrativas y técnicas, prefieren enfocar su producción para la exportación, porque obtienen mayores precios de venta con un mercado que está relativamente seguro, dejando solamente sus remanentes para el mercado nacional.

En conclusión

Las perspectivas para las importaciones de tomate mexicano por parte de Estados Unidos son positivas, debido a que el sector en México ha realizado un excelente trabajo en las últimas décadas. Sin embargo, los riesgos para la producción y exportación de este cultivo continúan latentes, por lo que el buen trabajo debe continuar de manera constante.

USDA FAS. Mexico: Tomato Annual

SADER SIAP. Panorama Agroalimentario 2020

The Packer. Increasing tomato imports from Mexico could cost U.S. growers $250 million annually, University of Florida study shows

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